Distante

Siéntate, a mi lado en frente de lado o simplemente como vos quieras realmente lo único que me interesa es estar sola, lejos y muy distante; es necesario que te encuentres en mi lado para sentirme más sola, terriblemente sola sin una mínima capacidad para sentirte o quizás arrollarte con ese trágico silencio que nos recorre y repara pieza por pieza, detalle por detalle, lagrima por lagrima que derramamos al parpadear con un sutil rozamiento de tus manos blancas y largas que recorres cada vez que te anhelo al imaginarte en ese lado sucio y deshabitado.
Márchate, hazlo ya¡ necesito que lo hagas, lárgate. No puedo permitirte que arranques todo lo que he construido con este tan poco y sinsabor tiempo que nos ofrecen, nos limitan y dinamitan con tan solo llegar a provocar descansos y malditos trabajos que no nos sirven de un carajo; aléjate ya, no lo pienses más y márchate a ese oscuro lugar provocado por tus claras pestañas.
Es tarde, es tarde. En esa tarde de verano y pronto un corrientazo de viento helado nos acobije con tanto abrigo que nos acostumbraremos con tantas pieles al aire libre queriendo ser llevadas a situaciones sin vacaciones y mil reproches por tu desalojo que provocaste con mucho antojo y poco alboroto pues vos preferís comerte cien repollos que andan de rolín sin mucha atención pero mayor precaución para este momento que te atormenta y me atormenta buscando un cinismo más donde poderme refugiar.
Plena caída, así te desbaratas cuando termina la tarde y esa soleada noche de coraje, cobardía, poca valentía con la que atraviesas esa absurda pero caliente cama de sentidos, existencias, abrumadoras experiencias si recuerdas aquella felicidad apaciguadora que me brindabas con esa sonrisa propuesta, artesanal y sin nada que dar a quienes dábamos un paso y logro más por llegar a ese inmenso lugar; mi distancia, tú distancia y ambos sentados en tan solo metros o quizás largas distancias.
Amanecerte, olerte y nada que conocerte pues bien te he visto que vos te encuentras tan seguido como esa silla en la cual te sientas cada invierno en mi hora del regreso, minutos de silencio y segundos con insignificantes desvelos con afectos, miradas, direcciones que nos dirigen a una distancia sin más acciones. 

 

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